El Disco Eterno

Buscando billetes
Donde alguien descubre que le quieren muerto, se cena con una dama y se consigue una embarcación

Capítulo 2. Adelantando al viento.

Segundo Far de Dravago, Aruldusk, Thrane.

Dramatis Personae

Personalidades de Aruldusk
Otros personajes

Mañana. Salón principal del hogar de Ubushka

[...]

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En la Fiesta de la Fundación de Aruldusk
Donde se conoce y reconoce un grupo variopinto, se presenta un nuevo invento, se quema una mansión y se produce una persecución de carruajes

Capítulo 1. Fiesta en la mansión del Barón

Segundo Wir de Dravago, Aruldusk, Thrane

Dramatis Personae

Personalidades de Aruldusk
  • Malkaius ir’Diesa, Barón de Aruldusk, Anfitrión, y sus sirvientes y guardia
  • Zefya Quolhan, Burguesa adinerada, dama de influencia, y sus sirvientas
  • Brincos, bufón del Barón ir’Diesa, amante de las bromas y aficionado a la magia recreativa
  • Malfarr, Arzobispo de Aruldusk, hombre serio, pío, y poco amante de las fiestas
  • Alven d’Phiarlan, distinguido de su Casa, invitado a la fiesta
  • Carlus d’Orien, representante del Gremio de Transportistas, amigo (¿y amante?) de Zefya Quolhan
Invitados por segundas y otros asistentes
  • Doctor Marcus Vientoligero, anticuario y conservador del Museo de Buenpuerto, inquieto y preocupado por los contenidos de su bolsa de viaje
  • Brody ir’Palarr, noble de Aruldusk, representante y mecenas de la renombrada artífice Ubushka, escaso de perspicacia pero vivo para los negocios
  • Un grupo de aventureros de camino a las Tierras Enlutadas, compuesto por un semielfo espadachín, un antiguo soldado (con su inseparable armadura), un mago sin ninguna gana de diversión y un cambiante con malas pulgas (insectos y de carácter)
  • Otros invitados de variada extracción
  • El magnífico, apuesto, peculiar y espectacular bardo Armante de Wroat, conocido en las Cinco Naciones, más allá y más acá
  • Actores, comediantes, bardos y entretenedores varios de la fiesta

Anochecer. Salón de recepciones del Barón Malkaius ir’Diesa.

Todavía no habían acudido la gran mayoría de los invitados a la fiesta que el barón celebraba en su mansión con motivo del aniversario de la fundación de Aruldusk cuando Gareth d’Deneith y su protegido de esta noche Jaroth entraron en el salón de espera, fastuosamente decorado y atendido para la ocasión. Jaroth recibió órdenes de procurar durante la fiesta la seguridad de la artífice Ubushka, a la que agentes ajenos a Thrane habían estado siguiendo las últimas semanas, y del misterioso nuevo invento encargado por el Barón y que iba a presentar ella misma esa noche. Gareth por su parte había sido contratado para asegurar la integridad física de Jaroth y asistirlo en esa misión. Sin embargo, parecía que Ubushka, en contra de su costumbre, no había llegado prontísimo.

Quien sí estaba era Zefya Quolhar, la comerciante venida a más debido a sus tratos casi exclusivos con la Casa Orien, cuya presencia e interés por ambos y en especial por Jaroth conseguía sobresalir de entre el resto de anodinos invitados que se habían adelantado algo a la cena y superar la barrera de las cuatro sirvientas que rodeaban su sofá. Jaroth se acercó y se presentó como Skot Ionson, un hombre interesado en el arte y las antigüedades; mientras Zefya y él conversaban conociéndose y el chambelán anunciaba a cada rato a nuevos invitados, Gareth ojeaba el resto de los presentes y en especial a un grupo de aventureros que parecían un tanto fuera de lugar.

Fue entonces cuando el chambelán anunció la llegada del Doctor Marcus Vientoligero de Buenpuerto y sus acompañantes, Capitán y Keara. Siendo un completo desconocido en esas esferas de la sociedad, y más extranjero, llamó la atención enseguida. Con un ademán y unas pocas palabras, el doctor indicó a Capitán que buscara a Ubushka en el por entonces ya importante barullo de gente, mientras él se quedaba con la mercenaria intentando (aunque fuera ya tarde) desviar la atención. Capitán se vio en seguida acosado por Gareth, que procuraba estar siempre cerca del gigante forjado, los dos buscando excusas para deambular por la sala: “Voy a coger comida de la mesa”, le espetó en una ocasión Capitán a un Gareth perplejo ante un apetito que un forjado no debería sentir. Mientras tanto Brincos, el bufón del Barón ir’Diesa, hacía de las suyas metiéndose poco educadamente en las conversaciones de cualquier grupo de gente que se le pusiera por medio, y Jaroth intentaba mantener su fachada de Skot Ionson ante el Doctor Marcus con el fin de averiguar qué se escondía tras su inesperada asistencia a la fiesta, aunque lo tenía difícil por los conocimientos, reales, del doctor sobre antigüedades y los negocios que se manejan sobre ellas.

Tras otra curiosa llegada del conocido Alven d’Phiarlan y de la esperada del sobrio Arzobispo de Aruldusk Malfarr, sólo parecía faltar de importancia la tardía Ubushka. Ya bien entrada la noche arribó el carruaje elemental de la artífice, que bajó de él junto a su pupila mediana Leelah, la hechicera. Enseguida se unió a ellos Brody ir’Palarr, su mecenas, que le echó una pequeña reprimenda por el retraso y le inquirió sobre la presentación de su invento. Ubushka, con un nerviosismo extraño, le contestó que estaba todo listo y no tenía por qué inquietarse.

En cuanto el chambelán anunció a la artífice, el Doctor Marcus se dirigió hacia ella de manera fulminante, presentándose y exponiendole sus inquietudes: Con él había traído un artefacto recuperado hace unos meses de una forja Cannith en las Tierras Enlutadas, y a pesar de sus estudios no había conseguido desentrañar sus misterios, entre ellos que no parecía tener un diseño de la Casa de la Forja, ni el mismo origen que el resto de objetos encontrados en el lugar de excavación. Ubushka se mostró muy interesada con rapidez, y pretendía llevar al doctor a un aparte para poder examinar el artefacto con tranquilidad cuando se vieron interrumpidos por el Barón Malkaius ir’Diesa, que dio comienzo a la cena y paso al salón comedor a todos los presentes. Ubushka y el doctor Marcus tuvieron que aplazar el examen hasta después de la fiesta, aunque procuraron sentarse juntos a la larga mesa.

Noche. Comedor del Barón Malkaius ir’Diesa

A la vez que Ubushka, Leelah, Brody, el Doctor Marcus, Capitán y Keara jugaban al baile de las sillas en una mesa lateral cercana a la presidencia, Gareth y Jaroth discutían con los invitados más importantes – uno tras otro Alven d’Phiarlan, Zefya y Carlus d’Orien – por un buen asiento en la mesa presidencial, hasta que una mirada fulminante del Barón zanjó el asunto, haciendo que Jaroth transigiera y los dos se vieran relegados a uno de los extremos de esa mesa, algo lejos del Doctor Marcus, que se guardaba muy mucho de vigilar atentamente la bolsa con su artefacto.

Ese comportamiento sin embargo no pasó desapercibido – ni ayudó el hecho de que Brody fuera un tanto escandaloso al respecto; tanto Zefya como Alven echaban alguna mirada de vez en cuando a esa zona de la mesa, este último con menos discreción que la dama, mientras que la pareja de agentes controlaban esos intereses de los comensales. El único momento en que se permitieron una distracción fue con la actuación de Brincos y el gran bardo Armante de Wroat durante el servicio del cuarto plato, un faisán asado. Los dos artistas se acercaron al centro de la sala, quedando rodeados por todas las miradas de los asistentes, y Armante comenzó a cantar una canción popular en los últimos años, La gloria en la torre, que narra la resistencia casi suicida de un fuerte por parte de soldados de Thrane en la Guerra; mientras el bardo contaba la historia, el bufón hizo aparecer soldados fantamasgóricos, uno de ellos delante de cada una de las personas que estaban comiendo. Al tiempo que se acercaba el clímax de la tonada, los soldados desenvainaban y preparaban sus espadas para, aparentemente, asestar un golpe contra su correspondiente oponente, excepto los dos soldados del Barón y el Arzobispo, que se limitaron a mostrar una reverencia. Ante esa visión, las reacciones fueron variopintas: Desde las risas de algunos, hasta las miradas de pavor o desconcierto de otros; Gareth despejó su ilusión de un manotazo mientras que Brody parecía completamente ajeno al espectáculo. Al fin, junto con la famosa nota sostenida de la canción, los soldados asestaron una estocada directa a sendos corazones, y todo el público contuvo durante un momento la respiración… Pero los soldados simplemente se disolvieron como humo cuando el bardo cantaba la última estrofa con final feliz de la historia, quedando sólo como real un ramo de flores de parte de Brincos para la dama más bella de la sala según él… Ubushka, lo que provocó no pocas risas y finalmente aplausos, que solo al rato y con desgana acompañaron Alven d’Phiarlan, Malarr y el Barón.

Con cada plato siguieron más actuaciones variadas de saltimbanquis, oradores y más canciones, aunque ya ninguna pareció tan emocionante como la interpretación de Armante de La gloria en la torre. Al fin, tras el postre y los brindis, el Barón ir’Diesa ordenó a sus sirvientes que retiraran la comida y las mesas, y proceder a la esperadísima presentación del nuevo invento de Ubushka, que se encontraba sobre una mesa en una tarima de un rincón de la sala, cubierto por una sábana. Ubushka se acercó, tímida. Descubrió, con parcas palabras, el invento: una bola de cristal con rayos de colores en su interior, flanqueada por dos extrañas cajas de rejilla. Un gran “Oooh” de admiración llenó la sala por un momento, aunque calló rápido esperando la explicación y demostración de Ubushka… que se limitó a dar vueltas alrededor de su artefacto farfullando palabras técnicas.

Brincos le proporcionó un poco más de tiempo cuando, instigado por Leelah, dejó un regalito oloroso en la espalda del cambiante aventurero, que en un arrebato que sólo sus compañeros pudieron contener demostró cuán irascible era. Casi todos reían por la última broma del bufón, lo que no contribuyó a calmar al peludo cambiante, que se revolvía buscando su espalda como un perro persigue su cola, lo que no contribuyó a calmar las risotadas, lo que no contribuyó a… Mientras, Ubushka seguía porfiando con su propio invento, y ni Jaroth ni Gareth le perdían de vista. Al final, tras sacar al cambiante de la sala y recuperar el público la compostura, en un gesto que casi podría decirse casual pero que Ubushka consiguió hacer pasar por genial, colocó sus manos encima de la esfera, atrayendo todos los rayos hacia la punta de sus dedos. Entonces comenzó a sonar claramente, surgiendo de las cajas laterales, una triste canción de la perdida Cyre, El sacrificio de la tierra.

Esto entusiasmó a todo el mundo. “¡Una orquesta en una caja!”, “Una caja de música… ¡pero mejor!”, “¿Toca más canciones?”, “¿Podría sonar La gloria en la torre?”. Todo un barullo por la sala. Hasta el Barón parecía casi sonreír, complacido. Sólo una persona permaneció completamente: Jaroth. Con sólo los primeros compases reconoció la canción. El sacrificio de la tierra era una canción prácticamente desconocida fuera de lo que fue Cyre, pero además era la canción favorita de Malek, un antiguo amigo – por decirlo muy suavemente -, lo que le alarmó y le quitó su usual sonrisa de la cara de inmediato. Efectivamente, cuando el Barón exigió usar él el invento, sonó lo que él propio Malkaius identificó como su canción preferida, por tanto antes, con Ubushka… Tras el Barón, todo el mundo hizo cola para probar qué canción haría tocar, lo que hizo que Malkaius se dirigiera a su orquesta y les dijera contundentemente: “Os habéis quedado sin trabajo”.

Mientras se formaba un pequeño caos acústico, con canciones de muy diverso origen y gusto que algunos se atrevían a bailar por la sala, Jaroth le transmitió su inquietud a Gareth, Ubushka y Leelah recibían una retahíla de felicitaciones, y el Doctor Marcus esperaba junto a Ubushka que ésta tuviera un momento libre para escaparse y hablar del artefacto que le había traído aquí. Pero Capitán se aburría un tanto en esos momentos festivos, se echó a un lado de la sala, junto a una ventana y miró distraídamente al exterior… Y salió como una exhalación apartando gente hacia el Doctor por lo que acababa de ver fuera, en la entrada de la mansión del Barón.

En ese momento, las puertas del gran salón se abrieron con un estruendo repentino que sobresaltó a los asistentes y cortó la música de golpe. Todos se giraron hacia el grupo que había entrado de forma tan brusca en la sala. Tremendamente sorprendente fue comprobar que, al frente de una escuadra de la guardia personal del Barón se encontraban ni más ni menos que la gran artífice Ubushka y una halfling, cuyos manos emanaban efluvios mágicos, muy presumiblemente Leelah d’Ghallanda.

Perplejos, Gareth y Jaroth inmediatamente tornaron su atención hacia las Ubushka y Leelah que habían estado en la fiesta toda la tarde, mientras la recién llegada Ubushka localizó a su gemela y mandaba detenerla al grito de “¡Impostores!”.

Capitán llegó tarde para evitar lo que tanto temía desde que vio el carruaje acribillado con flechas y marcas de combate a la puerta de la mansión desde la ventana.

Apareciendo tras la ilusión de disfraz que lo cubría con el aspecto de la artífice semiorca estaba, efectivamente, Malek, quien con un fugaz movimiento rebanó el cuello del Doctor Marcus con una hoja oculta en su muñeca, cogió la bolsa de cuero en la que llevaba el artefacto y se dirigió corriendo a la velocidad del rayo hacia uno de los ventanales, mientras el tiempo parecía correr mucho más despacio para el resto de los asistentes, y especialmente para Capitán.

Sólo entonces la gente comenzó a chillar, y el caos a extenderse por el salón.

La halfling secuaz de Malek intentó cubrir su retirada desenvainando una daga oculta en una bota y encarándose contra las dos torres que eran Capitán y Keara. Consiguió con una pirueta esquivar un puñetazo demodelador de la bárbara, pero Capitán la cazó al vuelo y de un empellón la hizo rodar varios metros por la sala. Jaroth y Gareth raudos se dirigieron detrás de Malek, que había roto la vidriera de la ventana que daba al patio delantero del edificio en su huida, y también saltaron persiguiéndolo.

En salón, los guardias intentaban llegar para proteger a los personajes importantes y autoridades de cualquier peligro, que de hecho les aconteció cuando un hechizo rápidamente invocado por Leelah para contener a la halfling tuvo repercusiones mágicas incontroladas debidas a la premura con la que fue tejido y chispas electrizantes prendieron en algunos tapices y cortinas del salón y provocó, claro está, mayor histeria en los asistentes. Aún con todo, la halfling quedó paralizada, y Leelah corrió también en persecución de Malek.

Capitán y Ubushka se acercarón al profesor, quien en sus últimos estertores, entre gorgoteos de sangre, instó con débiles gestos a la artífice a coger otra de sus bolsas, y murió.

Capitán, loco de rabia, se lanzó con impulsos asesinos a por la indefensa y paralizada halfling compañera del asesino de su “padre”. Sólo Keara logró sujetarlo y convencerlo para que le mantuviera como prisionero. Ambos salieron del salón en llamas llevando el pequeño bulto de la impostora, entre la multitud desordenada por la que también se abrió camino Ubushka tras asegurarse de que el invento que venía a presentar al Barón también se salvaría del fuego.

Noche. Exterior. Calles de Aruldusk.

Para cuando Jaroth se dejó caer al jardín delantero de la mansión, Malek ya estaba saltando – con una agilidad sobrehumana incluso para un semielfo – la intrincada verja de hierro que decoraba los límites de la propiedad del Barón, poniéndose a salvo de hechizos con los que el grupo de aventureros que también había asistido a la fiesta lo atacaban. Mientras Silverwood corría todo lo que podía para tratar de alcanzar a su némesis, Gareth, que iba por detrás, se desvió y confiscó uno de los rayocarros en el que alguno de los adinerados de la fiesta habría acudido; subió a la berlina y manipuló la palanca de conducción, arrancando el vehículo con un estallido de chispas. Dirigiéndose hacia el gran portón recogió a Jaroth, que subió junto al improvisado conductor, y con un golpe en el techo anunció su caída Leelah.

Se lanzaron tras Malek, que ahora huía en un carruaje negro de caballos magicreados que había estado aparcado cerca de la mansión. Ambos vehículos a una velocidad vertiginosa por calles demasiado estrechas para esa clase de circulación, Malek intentaba causar todo el caos que pudiera para poner obstáculos a sus perseguidores, pero estos conseguían a duras penas esquivar grupos de gente casi atropellada, puestos festivos aquí y allá y faroles que caían golpeados por los carruajes. Malek entonces optó por la acción más directa. Leelah notó energía mágica rápidamente concentrándose en el antiguo espía, y antes de que pudiera avisar una bola de fuego se dirigía directamente hacia su rayocarro. Improvisando, Leelah lanzó otra contra la primera con tanta potencia como pudo acumular en esos pocos instantes. Afortunadamente, fue suficiente, y ambas detonaron unos pocos metros delante de ellos. Desafortunadamente, Jaroth cayó de la berlina por la conmoción, aunque pudo aferrarse de forma precaria a una de las barras ornamentales de un lateral; y ahora el rayocarro se dirigía a un auténtico infierno de llamas y humo.

Pero con una rápida maniobra, Gareth pudo evitar lo peor de la explosión. Sin embargo, en cuanto salió de esa situación se encontró de lleno con que para no perder a Malek tendría que girar muy bruscamente a la derecha o pasarse la bocacalle por la que corría el carruaje negro. Avisando a Jaroth para que se agarrara bien, hizo derrapar el rayocarro.

Jaroth, sujetándose al lateral del vehículo, pudo apreciar muy de cerca la textura de la pintura de la fachada del edificio que hacía esquina. Completaron el giro, intentando volver a alcanzar a Malek. Mientras Jaroth se incoporaba, pudo reconocer hacia donde se dirigían: esta larga avenida desembocaba en un paso entre dos columnas de la antigua muralla, y al otro lado del corto túnel, la Plaza de la Fundación, que estaría abarrotada de gente por la festividad.

Se acercaban rápidamente al amurallado, sólo veinte metros más para Malek, que entraría en la plaza arrollando a todas esas personas con su carruaje. Jaroth se decidió y saltó desde donde estaba al carro de Malek para detenerlo; lo consiguió por poco y quedó enganchado al pescante posterior… a la vez que Malek abandonó el barco y con él a Jaroth a su suerte y saltó por encima del arco de la muralla, algo que intentó imitar Leelah desde el techo del rayocarro, con éxito pero sin facilidades. La halfling vio desde encima de la muralla caer a Malek entre la multitud y perderse entre ella.

Gareth detuvo el rayocarro en secó antes de pasar bajo la muralla y evitó el vuelco pero no el choque, leve, contra una de las columnas. Jaroth trepó por el carruaje como pudo hasta la parte delantera e hizo que los caballos magicreados trastabillaran y cayeran, volcando todo el carro, que se detuvo patinando por el empedrado hasta sólo un poco después de entrar en la plaza, para sorpresa de algunos transeúntes.

Chamuscado, dolorido, y golpeado, Jaroth volvió al rayocarro y los tres volvieron a la mansión de Malkaius ir’Diesa. Allí, ante toda un ala del edificio arruinada por el fuego, les esperaban Ubushka, Keara y Capitán. La semiorca y la halfling volvieron – desde el punto de vista de los demás – a presentarse formalmente. Brody intentaba arreglar con el Barón el asunto del incendio que él, aunque algo confuso aún por cómo se produjo todo, estaba seguro de que Leelah – alguna de las dos – algo había tenido que ver.

La moraleja: Una halfling paralizada a la que Jaroth se encargaría de hacer hablar, y en la bolsa del difunto Doctor Marcus lo que parecía ser un catálogo de objetos de las Tierras Enlutadas.

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